Noticias hoy
    En vivo

      La historia de una resistencia: el último cine que sobrevive en la peatonal Lavalle

      La calle llegó a tener 15 salas en tan sólo cuatro cuadras, entre Carlos Pellegrini y Florida. Pero fueron cerrando. Hoy la única que queda es el Monumental.

      La historia de una resistencia: el último cine que sobrevive en la peatonal LavalleGuardián de una tradición. El mes que viene, el Monumental cumple 86 años. Es el único que perdura en Lavalle. (Jorge Sánchez)

      Esta puede ser la historia de una agonía o la historia de una resistencia. En las dos juega fuerte la nostalgia, pero en sólo una de ellas habita la esperanza. Por eso, antes de ponerle una etiqueta, mejor contémosla.

      Estamos en Lavalle, la que alguna vez fue la calle de los cines: llegó a tener quince en los cuatrocientos metros que van desde Carlos Pellegrini hasta Florida. Algunos eran edificios gigantes y hermosos firmados por arquitectos de renombre, como el tucumano Alberto Prebisch, autor del Obelisco y del cine Atlas.

      La peatonal, que hoy suele vaciarse rápido apenas cae el sol, supo ser un corredor estrechado por las multitudes que iban y venían detrás del último estreno, nervio incansable de la Buenos Aires que nunca dormía. Todos tenemos un recuerdo en la calle Lavalle y eso, en algún punto, la retiene en el pasado.

      El Normandie. Ahora es un local de una cadena de ropa deportiva. (Jorge Sánchez)El Normandie. Ahora es un local de una cadena de ropa deportiva. (Jorge Sánchez)

      Es jueves al mediodía y de aquel esplendor no queda nada. La gente que camina por aquí, ni a ésta ni a ninguna hora, lo hace por las películas. Un simple ejercicio de contabilidad lo comprueba con la ferocidad que sólo alcanzan las matemáticas: hoy hay treinta y cinco negocios de ropa, calzado o marroquinería, veintitrés de comida, once de souvenirs, once kioscos, diez galerías, seis de artículos para celulares, cuatro locutorios, tres farmacias, tres hoteles... La enumeración se extiende con rubros menores y apenas representados, pero lo importante es que en Lavalle sólo queda un cine. Uno. Uno nada más. Pierde con las iglesias evangélicas, que son dos, y empata, ay, con las dietéticas. Signo de los tiempos.

      Salas convertidas en templos. La película cambió en la calle Lavalle. (Jorge Sánchez)Salas convertidas en templos. La película cambió en la calle Lavalle. (Jorge Sánchez)

      Obviemos la catacumba que se abre en una galería de Lavalle al 700 y que promete películas las 24 horas aunque no dice cuáles. El único cine que queda en pie es el Monumental, inaugurado el 23 de octubre de 1931, cuando el cine sonoro era, todavía, la vanguardia (el 3D ni se soñaba y menos aún la realidad virtual).

      Símbolo de un país chico que se pensaba en grande, la sala original del cine Monumental tenía 1.800 butacas en un edificio art decó con escaleras de mármol y un piso en damero que aún hoy conserva la belleza de antaño.

      Alguna vez fue también teatro y en su escenario actuaron Florencio Parravicini y Enrique Santos Discépolo. Ahorremos Google a los lectores más jóvenes: estamos hablando de tipos grosos de verdad. Pero usémoslo nosotros para enterarnos de que aquel diseño original de Claudio Caveri (padre de un crack de la arquitectura argentina), tuvo su primera refacción en 1972 y luego, en los noventa, empezó a disgregarse como una forma de sobrevivir. Donde había una sala, tres. Y después cuatro y después, la nada. Un cierre en el año 2000, un rescate en el 2001, antes del estallido, y una azarosa supervivencia entre maremotos económicos y cambios culturales que redibujaron la cara de la Ciudad.


      Mirá también

      Lavalle, bajo un sol que se agradece, muestra su cara amigable, más allá de los remolinos belicosos que envuelven a dos señores de precaria estabilidad, cuyos defectos de equilibrio no estarían dados, precisamente, por la muleta que uno esgrime como arma y defensa. Los turistas se ponen a salvo con una corridita de pocos pasos. Luego sonríen y filman.

      Nota al margen: antes, filmar era una industria; hoy, un pasatiempo al alcance de la cartera de la dama y del bolsillo del caballero. Los dueños del Monumental, los que lo rescataron de la debacle en el 2000, lo saben. Gabriel Feldman, uno de ellos, cuenta que su padre Norberto empezó en el negocio de las películas hace sesenta años como boletero del cine Roxy, de la avenida Las Heras, cuando salía de la conscripción. Trabajaría luego en todos los rubros: la distribución, la exhibición e, incluso, la producción, financiando alguna película de Alberto Olmedo.

      Un bastión. El Monumental resiste en el que fue el principal polo cinematográfico porteño. (Jorge Sánchez)Un bastión. El Monumental resiste en el que fue el principal polo cinematográfico porteño. (Jorge Sánchez)

      Si contamos al padre de Norberto y abuelo de Gabriel, que terminó dando una mano en el proyecto familiar, cuatro generaciones de Feldman se han involucrado ya con la cinematografía. Para ellos, Lavalle es tanto pasado como futuro. Y por eso planean invertir en modernos adelantos, aunque por ahora prefieren no develarlos.

      Hay que tomar distancia y alzar mucho la vista para descubrir los trazos elegantes de la arquitectura original de la Catedral del Cine, porque así llamaban al Monumental en los años de gloria de la calle Lavalle. La marquesina lila y naranja, los carteles con promociones, el colorido candy bar, hacen del lugar lo que las nuevas generaciones esperan: algo más cercano al playroom que al palacio del siglo diecinueve.

      La boletería se encuentra sobre la calle misma. La cartelera ofrece siete películas. Elegimos "Los que aman, odian", una adaptación de la novela de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, acaso como un guiño al clasicismo que persiste en el entorno. Nos toca una sala de siete hileras de quince butacas cada una más otra (la primera) de seis. El reloj marca la una de la tarde. Somos seis los espectadores. Las luces se apagan. Y lo que se enciende es la vieja magia, que hemos decidido asociar más a la resistencia que a la agonía.


      Mirá también


      Sobre la firma

      Horacio Convertini
      Horacio Convertini

      hconvertini@clarin.com

      Bio completa