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      Catherine Millet: “Hoy el pedido de censura viene del feminismo”

      Impactó con una autobiografía sexual y denuncia la "victimización obligatoria" de las mujeres. Dará varias charlas en el país.

      Catherine Millet: "Hoy el pedido de censura viene del feminismo"Sin prejuicios. Millet señala el puritanismo de muchos reclamos y el miedo al sexo.

      “Quiero reivindicar una palabra feminista que sea singular y que no se transforme en un discurso hegemónico y dogmático. Se puede ser feminista y aportar una mirada diferente a la de otros feminismos en algunos temas.” Sentada en su oficina, Catherine Millet anticipa el contenido de la conferencia con la que dejará inaugurada el 10 de octubre la décima edición del FILBA. Como en 2001 cuando publicó un libro que recorre su superpoblada vida sexual, y como a comienzos de este año cuando firmó un manifiesto en el que se opone a ciertos movimientos de mujeres, sus ideas provocan: “La gente joven tiene miedo de la sexualidad”, opina. 

      La redacción de Art press se acomoda en el número 8 de una calle soleada del distrito XV de París. La revista fue fundada por Millet hace unos 45 años y desde hace algo más de dos décadas funciona en ese edificio de ladrillo a la vista bastante poco parisino. En su despacho, Millet conversa por teléfono con Clarín y hace una pausa en su trabajo para esta publicación, una de las más influyentes en el ámbito del arte.

      Feminismo. Uno de los movimientos de la época. Millet defiende una mirada sexualizada. /Maxi FaillaFeminismo. Uno de los movimientos de la época. Millet defiende una mirada sexualizada. /Maxi Failla

      “La situación de la mujer en la Argentina no es para nada la misma que en Francia. Y eso es lo que les reprocho a ciertas feministas aquí: que parecen ignorar los enormes progresos que nos beneficiaron como sociedad desde hace algunas décadas y que no todo el mundo tiene”, dispara Millet. Aunque se considera feminista, mantiene desde hace tiempo un fuerte enfrentamiento con el movimiento de mujeres francés que se encolumnó detrás del hastag #BalanceTonPorc (algo así como "Denunciá a tu cerdo", la versión gala del #MeToo). Dice de ellas que son puritanas, macartistas, que censuran voces y que meten miedo. La semana que viene, Millet estará en Buenos Aires (ver Para escucharla).

      -En los últimos tiempos, las chicas más jóvenes han tomado protagonismo en el movimiento de mujeres en la Argentina con un estilo distinto. ¿Sucede algo parecido en Francia? 

      -Es así también. Hay diferencias que atraviesan a las generaciones. Por ejemplo, creo que para las mujeres más jóvenes la relación con la sexualidad es mucho más difícil que para nosotras. Las razones no las conozco, pero me parece que hay un temor al sexo en estas nuevas camadas. Sienten miedo: miedo a ser agredidas, a ser violentadas. Esto genera que las chicas se relacionen sólo con chicas y que los varones se junten sólo con varones, como si hubiera una suerte de desconfianza entre ellos. No sé si esto sucede en la Argentina, pero en Francia es frecuente y me impresiona. Hay un repliegue de la vida social que hace que nos juntemos sobre todo entre personas del mismo sexo tal vez con la intención de protegernos. Es un fenómeno bastante curioso. 

      Una vida hecha literatura. Millet contó sus experiencias. /APUna vida hecha literatura. Millet contó sus experiencias. /AP

      - ¿Tiene alguna hipótesis sobre cómo se llega a esa situación? 

      -Creo que hay seguramente muchas explicaciones. Una de ellas es la hipervaloración de la imagen del cuerpo. Ante esa imagen ideal, la actividad sexual sólo puede ser vivida como una amenaza. Cuando vemos la enorme preocupación que las chicas más jóvenes tienen sobre su cuerpo, sobre su vestimenta, la necesidad de llevar el último zapato lanzado al mercado, la última colección de ropa, notamos que se fabrican una imagen de perfección en la que no hay demasiado espacio para la relación con los otros. 


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      -Sus opiniones suelen generar en Francia críticas muy severas y agresivas por parte del feminismo. 

      -Es cierto. El movimiento #MeToo en Francia es de una violencia extrema. Yo tuve contacto con periodistas de otros países, Alemania, España, Italia y nunca enfrenté la violencia que encuentro en mi país. Hay gente, incluso, que las compara con el macartismo. 

      -¿Es por esto que usted y otras mujeres sintieron la necesidad de hacer público en enero un manifiesto en el que se oponen a ese tipo de denuncia desde las redes sociales y en el que reclaman “La libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual”? 

      -Una de las cosas que voy a tratar en esta conferencia inaugural del FILBA es la paradoja de este movimiento que sostiene en su slogan “la palabra libera a las mujeres”, pero frente a una palabra un poco distinta reclama la censura. Y que quede claro que nosotras no defendemos a los violadores ni a quienes agreden a las mujeres. Sin embargo, parece que no tenemos derecho a decir algo que sea distinto de lo que podríamos llamar el discurso dominante feminista actual. 


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      - Usted las definió como puritanas. ¿En qué sentido lo son? 

      -Son puritanas porque practican la censura. Yo empecé a trabajar en una época en la que la censura provenía de la derecha, de los sectores más conservadores, y también podía venir desde el Estado (aunque esto último prácticamente ya no existe en Francia). Incluso hasta hace unos veinte años encontrábamos grupos de extrema derecha que buscaban prohibir la expresión de determinados artistas. Hoy, en cambio, el pedido de censura viene del movimiento feminista. Es terrible. 

      Reclamo. Los femicidios levantaron protestas. Aquí, en Córdoba/ Marcelo CáceresReclamo. Los femicidios levantaron protestas. Aquí, en Córdoba/ Marcelo Cáceres

      - ¿Son puritanos también en la imagen de mujer que tienen, en tanto que seres frágiles, que necesitan siempre de estar alertas y protegerse frente a los ataques? 

      - Si, también en eso. El fundamento de nuestro manifiesto era el de reclamar que no se redujera a las mujeres al rol de víctimas. Por supuesto la clase social es importante, la educación recibida es importante, y claro que hay mujeres que social o psicológicamente no tienen los mismos recursos que otras o que son más frágiles. Sin embargo, en ese movimiento #MeToo encontramos mujeres que son periodistas, artistas, intelectuales... esas mujeres tienen la capacidad de defenderse, no son necesariamente víctimas. ¿Por qué tendrían que encerrarnos a todas y eternamente en ese rol? Eso es lo que denunciábamos: la victimización obligatoria de las mujeres. 


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      -Pasaron casi veinte años desde la publicación de su libro La vida sexual de Catherine M. y se sigue hablando de él. ¿Cómo explica usted esta vigencia? 

      - Creo que es un libro muy radical, que es una descripción muy concreta del acto sexual y del comportamiento femenino, en la que no hay sentimientos ni romances. Y de alguna manera eso ha hecho de ese texto un modelo. Eso explica, entre otras cosas, que siga siendo interesante. No quedó fijado en una época. Luego hay obras que marcan un momento, una etapa. Nunca antes una autora había escrito algo así sobre su sexualidad y esto es un dato en la literatura femenina. Un periodista lo definió como un clásico y tal vez sea eso. Tengo aún amigas que me comentan que alguien que conocen compró mi libro y sé que muchas chicas jóvenes lo buscan. 

      Por la vida. Un reclamo que no cesa. /  Fernando de la OrdenPor la vida. Un reclamo que no cesa. / Fernando de la Orden

      -¿Qué buscan en este libro esas chicas? 

      -Son jovencitas que se hacen muchas preguntas. A los 18, 20 o 25 años, uno es muy inocente. A mi me sigue sorprendiendo la inocencia de la juventud con respecto a los temas sexuales. Aunque hay muchísima información, están perdidos. Y al mismo tiempo hay una urgencia por realizarse en la vida, realizarse en lo sexual, encontrar una armonía... esa exigencia es muy estresante. Yo formo parte de una generación que buscó respuestas a esas mismas preguntas de un modo espontáneo, no teníamos esas obligaciones ni los modelos que proyectan hoy los medios de comunicación. 

      -Es paradójico porque impera la fantasía de que en Occidente existe plena libertad sexual. 

      -Si, pero tal vez sea justamente eso lo que asusta. Primero, porque esa libertad total y absoluta es irrealizable; es una búsqueda que mi generación atravesó y en un momento nos dimos cuenta de que era una utopía. Y por otra parte, esa obligación de realización plena es un peso que cae sobre las nuevas generaciones. Sienten el mandato de afianzarse sexualmente rápido cuando, en realidad, descubrir qué es lo que nos gusta, qué nos hace bien, lleva mucho, mucho tiempo.

      Para escucharla

      • El próximo jueves, a las 17.30, Millet se presenta en el Museo de Arte Decorativo, Av. del Libertador 1902, en el marco del ciclo Ideas que organiza la Secretaría de Cultura. 
      • El viernes, a las 19, estará en la Alianza Francesa, Avenida Córdoba 946. En este caso hablará de arte. 
      • El miércoles 10, a las 19, inaugura el Filba, en Malba, Figueroa Alcorta 3415.    


      Sobre la firma

      Débora Campos

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