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      Joyce Carol Oates y la novela sobre el aborto que retrata la grieta estadounidense

      "Un libro de mártires americanos", el más reciente libro de esta gran novelista, habla del avance del fundamentalismo contra los derechos de las mujeres en Estados Unidos.     

      Joyce Carol Oates y la novela sobre el aborto que retrata la grieta estadounidenseSobre la embestida contra el aborto legal en su país, señala que el verdadero objetivo es reducir el presupuesto de salud. / AFP

      A la alumna Dawn Dunphy, la hija de un pastor evangelista, siempre se la relega a los últimos bancos del aula, lo cual casi la programa para ser mala alumna: tiene el pelo hecho una maraña y la maestra teme que le contagie los piojos. Es una especie de foquista bíblica juvenil, que espanta a los compañeros con relatos de cómo algunas mujeres matan a sus bebés antes de nacer: “Los arrojan a la basura o por el retrete y después tiran la cadena”. Además, Dawn siempre huele a sudor; es que su madre no “cree” en la necesidad de usar desodorantes. Algunos evangélicos de Mad River, en Ohio, también prohíben las gaseosas con colorante y algunos clásicos literarios, como Matar a un ruiseñor; el uso de tampones lo consideran amoral. Aunque el pastor Dunphy sigue preso por matar a dos personas (a las puertas de una clínica donde se hacen abortos), la acomplejada Dawn reafirma la inocencia de su papá con argumentos misteriosos: Luther no es un homicida sino “un soldado de Dios”. 

      Un libro de mártires americanos, la última novela de Joyce Carol Oates, tiene la contundencia y perfección que habrían podido forzar el premio Nobel, si lo hubieran dado este año. El hecho de que coincida tanto en el tiempo con los debates reabiertos ahora no parece fruto del cálculo, sino de la atención que la autora les prestó a las señales de derechización retrógrada en las últimas décadas. Escritas antes del triunfo de Donald Trump, sus 800 páginas reelaboran algunos casos puntuales de asesinato y ataques a médicos que no dejaron de practicar abortos en los años 90, cuando comenzó el activismo de los grupos cristianos “cruzados” contra el derecho al aborto, sancionado en los años 70. Si bien se trata de una ficción, la novela detalla ese mapa ideológico de los Estados Unidos, se adentra en lo profundo de la grieta cultural que divide al país. Esta anatomía del odio social, escrita por una de las últimas maestras del realismo, no pierde la mirada microscópica a la subjetividad de cada personaje (y los hay muchos y cada quien tendrá su voz). Lo vemos en el retrato de Dawn, pero también en el de quien debería ser su némesis, la hija del médico asesinado, de manera que ese odio reverbera en toda la cadena familiar multiplicando damnificados. Joyce Carol Oates ha dado muy pocas entrevistas en los últimos años y aceptó responder por escrito nuestro cuestionario. 

      -Usted retrata “la gran división”, que tiene la autodeterminación de la mujer en el centro: ¿es entre laicismo y fundamentalismo? ¿En qué se basa y por qué hoy parece insuperable?  

      -Mi novela trata de dos familias, en las que los individuos quedan atrapados dentro del drama, en la lucha política y cultural contemporánea de mi país. En esencia, los ultra ricos de mi país buscaron ganar el control político y en los últimos años lo consiguieron polarizando a los votantes en dos bandos en pugna: los que defienden posiciones religiosas, de un modo fundamentalista, y creen en las verdades literales de la Biblia, violentamente anti-aborto (también están contra el control de la natalidad), y la mayoría de los estadounidenses, que apoyan el derecho de la mujer a controlar su cuerpo. En rigor, la derecha del partido Republicano se apoya en estos ultra ricos, que despliegan esta “guerra cultural” para atraer votos. Esto refuerza al partido político que se dedica a bajar los impuestos... El personaje de Luther Dunphy y su familia son cristianos devotos y serios que no tienen la menor idea de que están siendo manipulados por el ala derechista: “creen” fervientemente en lo que se les dice. Gus Voorhees, la víctima, y su familia son ciudadanos seculares, “liberales” educados que han sido identificados como los enemigos en esta “guerra cultural”. 

      La novelista advierte que los debates culturales que "demonizan" están instigados por quienes buscan introducir ventajas sectoriales. / AFPLa novelista advierte que los debates culturales que "demonizan" están instigados por quienes buscan introducir ventajas sectoriales. / AFP

      -Si buscamos continuidades, ¿se trata de la vieja grieta de la Guerra de Vietnam y la era de Nixon? ¿La instrumentalización de lo que se llamó la “mayoría silenciosa”, los menos ilustrados y más desprotegidos, versus la tradición liberal plenamente urbana? No por azar una parte transcurre en los estados de Michigan, con su Milicia blanca y la dilapidada Detroit, y de Ohio: sedes del imperio automotriz y hoy, de la decadencia. 

      -Sí. Pero debemos subrayar que los temas culturales suelen ser manipulados por los ultra ricos para ganar al electorado más ingenuo, el menos cuestionador, aquellos que se definen como evangélicos. Los Republicanos también han usado el tema racial y la inmigración para alarmar a los votantes. Por ejemplo, como cuando insisten en que quienes emigran a los Estados Unidos tienen altas chances de ser criminales, cuando todas las estadísticas lo desmienten. 

      -¿Cuál es el principal factor que alienta el actual reflujo de hostilidad religiosa hacia el estado laico? 

      -Esa intolerancia por lo general es acicateada por los líderes políticos vía televisión y otras terminales informativas. La cadena Fox News, por ejemplo, es la principal fuente de propaganda Republicana. (Fíjese que este canal de cable no está registrado como “de noticias” sino que tiene una licencia para “entretenimiento”. Pero los televidentes ingenuos lo ignoran.)


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      -El segundo gran tema de su novela es la implosión de la institución familiar pero también como núcleo retrógrado.¿Cuál cree que es el factor que más la ha jaqueado? Por ejemplo, cuando Jenna cambia de vida y se dedica a la militancia, ocasiona un daño secundario a sus hijos. 

      -La unidad familiar en los Estados Unidos ha cambiado de modo gradual con el aumento de oportunidades para las mujeres fuera de la casa. La gente tiende a mudarse con facilidad, lo que hace que las comunidades de lazos estrechos, como la familia y los parientes, pierdan influencia. Pero ninguno de estos cambios es prejudicial ni antinatural; es algo bueno que las jóvenes y las mujeres aspiren a desplegar carreras propias más allá de tener hijos. 

      -¿Cuál es su posición personal en el derecho al aborto? En las últimas décadas ustedes tienen una embestida feroz para desactivar la legislación, a través de obstáculos y el cierre de clínicas. Además, está la anunciada intención de derogar esa ley por parte de Trump. 

      -Una vez más, todos los “temas culturales” no son más que pantallas de humo para la manipulación política. El verdadero propósito es reducir el presupuesto para salud social, al bajar los impuestos a favor de los ultra ricos. Desde luego, la clase alta no siente ninguna aversión por el aborto… Desde mi punto de vista liberal, la mujer debe tener el control de su propio cuerpo. Como decía antes, para manipular a la ciudadanía también se exagera el sentido de “crimen” cometido por ciudadanos e inmigrantes negros y mestizos, de todos los que no son de ascendencia europea. 

      Los ultra ricos de mi país buscaron ganar el control político y en los últimos años lo consiguieron polarizando a los votantes en dos bandos en pugna." 

      -En esta máquina de odio, usted traza un paralelo entre el aborto y la pena de muerte. ¿Ve una paradoja allí? 

      -Es que quienes propugnan la pena de muerte en general son contrarios al aborto; son adversarios de todas las posiciones “liberales”. 

      -Pero nadie está exento de contradicciones. La xenofobia también asume el discurso de la intolerancia religiosa; el laicismo a ultranza es muy criticado en Francia.  

      -En democracia, las creencias religiosas deben distinguirse por el respeto a los derechos de los demás. Nadie debe buscar controlar lo que otros creen –solo controlar las acciones, especialmente cuando son violentas. Y me definiría como una feminista del común, que apoya valores liberales (a la antigua): libertad de expresión, libertad de prensa, democracia, respeto por los derechos de las mujeres y las minorías, todos valores que están bajo ataque en la era Trump. Y soy laica, claro. 

      -El personaje de Dunphy marca el regreso de una figura clásica de la narrativa de su país: es el sociópata definido por una tour de force, a quien consideraríamos un idiota si no fuera un criminal. 

      -No sé si coincido… aunque tal vez el ministro Dunphy pueda ser visto como “idiota” –o al menos alguien confundido, desde el punto de vista laico. El se ha tomado muy en serio los dictados de la iglesia, y por lo tanto trata de ser un buen hombre y un buen cristiano en ese contexto. Pero del mismo modo, el doctor Voorhees trata de ser un buen tipo, un médico que se ocupa de mujeres desesperadas en busca de un aborto. Aunque también atiende a mujeres que quieren quedar embarazadas, porque es un obstetra. 

      -Ese par evoca algunos personajes de William Faulkner, que no quieren atender razones…. Dunphy es obsesivo y al mismo tiempo está como anestesiado, absorbido en sus ideas sin ver más allá. 

      -Es verdad, a grandes rasgos. Pero piense en ellos como personas con unas biografías y orígenes específicos. Particularmente inmersas en las historias complementarias están las hijas de estos mártires. Dawn se convierte en boxeadora; Naomi espera hacer una película sobre la vida de su famoso padre. Aunque Naomi está más cerca de mi mundo personal, disfruté muchísimo más al perfilar a Dawn. Muchos lectores me han dicho que prefieren a la hija del asesino, por su rareza y su desesperación. Mi novela es una exploración compleja de muchos factores de la vida en los Estados Unidos pero es, ante todo, la historia de individuos que quieren diferenciarse y que al mismo tiempo encarnan tendencias contemporáneas. 


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      -El fanatismo es una de las instancias en que la ficción se vuelve algo real. Siguiendo a Borges, digamos que el fanático debe suspender su incredulidad para abrazar su fe de un modo ciego… ¿Le resultó particularmente fértil? 

      -El “fanatismo” tiene una rica tradición en la historia de los Estados Unidos desde sus comienzos –los puritanos llegaron a Norteamérica escapando de la persecución religiosa en Inglaterra; pero ellos mismos se oponían fanáticamente a cualquier otra variante de cristianismo. El aniquilamiento de los pueblos originarios fue alimentado por la intención de quedarse con sus tierras pero se “justificaba” por la pretensión de rectitud religiosa. 

      -En su nueva novela hay esa confianza renovada en el realismo, como en La hija del sepulturero y en Mamá; están la dimensión social y la subjetiva. Además de su propia obra, ¿qué autores ha juzgado como los ejemplos más perdurables de esa estética? 

      -Mis novelas extensas en general tratan sobre familias en contextos sociales complejos y buscan ese retrato realista de la sociedad. Virtualmente todas las novelas logradas -estadounidenses y europeas- tienen ese objetivo: como dijo el francés Stendhal famosamente, el propósito es mostrar la realidad de una manera verídica, sin concesiones ni censura, como en un espejo. 

      Fragmento de la novela

      El enemigo conocido como Augustus Voorhees acababa de apearse de la furgoneta. Eran las 7.26 de la mañana. El centro para mujeres no empezaba a recibir a su clientela (es decir, muchachas embarazadas y mujeres convencidas de que no deseaban ser madres) hasta las 8.00. Al médico abortista (casi exactamente de mi misma altura, que es un metro ochenta y dos, y de pelo entrecano despeinado muy semejante al mío) se le había ocurrido llegar pronto para evitar así a los manifestantes y entrar por la puerta trasera del centro, pero pecó de insensatez en su astucia, porque la policía de seguridad de Muskegee Falls no solía presentarse hasta las 7.30 (y algunas veces más tarde), y para cuando la llamaran aquella mañana, Voorhees, herido de bala, se habría desangrado ya como un marrano. El abortista no me vio hasta que me encontraba a menos de dos metros tras él, acercándome muy deprisa, y la expresión en el rostro de su acompañante hizo que se volviera con un gesto de total sorpresa y conmoción.

      Oates, básico

      Lockport, Nueva York, 1938. Autora de más de cincuenta novelas y ocho libros de poesía, es una escritora clave de la literatura contemporánea. Maestra del realismo, algunas de sus obras destacadas son La hija del sepulturero, Mamá y el libro de relatos breves Infiel. En sucesivas ocasiones fue postulada al premio Nobel de Literatura.


      Sobre la firma

      Matilde Sánchez
      Matilde Sánchez

      msanchez@clarin.com

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