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      Natalia Kohen, una versión inédita de la vejez

      La escritora Natalia Zito, autora de "Veintisiete Noches" (Galerna) despide a la artista y escritora, recientemente fallecida, a quien le dedicó esa novela. ​"Encontré en ella una versión de la vejez que no conocía, dice.

      Natalia Kohen, una versión inédita de la vejez"Encontré en Natalia una versión de la vejez que no conocía, una versión que quise quedarme, que recuerdo cada vez que pienso en envejecer", cuenta Natalia Zito. / Foto: Diego Waldmann

      Conocí a Natalia Kohen una tarde templada de agosto de 2017, cuando ella tenía 99 años, yo estaba por cumplir 40, acababa de perder a mi papá después de una larga agonía y sentía que la vejez me había tocado. “Bueno, soy Natalia Kohen”, me había dicho como quien entrega una parte de sí, apenas atendí el teléfono cuando llamó para aceptar finalmente mi entrevista. Recuerdo haber escrito en el diario que llevé sobre Veintisiete noches (Galerna): “Estos días he leído tanto de Natalia que es casi mi abuela, a la que casi le debo el nombre o la razón por la que no me gusta, como tampoco a ella. Me emocionó escucharla. Casi todos los artistas que tuvieron relación con ella están muertos”.

      Natalia Kohen había nacido en Mendoza, el 7 de enero de 1918, cuando las mujeres todavía no votaban en Argentina y el presidente era Hipólito Yrigoyen, cuando la Primera Guerra Mundial no había finalizado. Fue más reconocida por sus donaciones, a la Casa del Teatro en 2017 por ejemplo, por su obra como mecenas a cargo de la Fundación Argentia y por su extensa colección de arte, que por su propia obra.

      Llegué a su casa del barrio de Recoleta con la mochila cargada con casi todos sus libros: El hombre de la corbata roja, texto que se había convertido en un ballet protagonizado por Julio Bocca; El color de la nostalgia, una suerte de autobiografía acompañada de fotos color sepia, donde narra la historia de su familia de origen; Historia de patios, una antología de su serie de acuarelas pintadas entre 1975 y 1985, en las que -entendí después- se leía la muerte de su marido, Mauricio Kohen, en mayo de 1983, fundador del Laboratorio Argentia y de la fortuna familiar. Tenía también 3,1416=Pi, el libro que publicó por la editorial Corregidor un año después de la internación psiquiátrica por el polémico diagnóstico de demencia frontotemporal emitido por su entonces neurólogo, Facundo Manes.

      La autora Natalia Zito. Recreó en la ficción parte de la vida de la artista y escritora Natalia Kohen / Foto Lucía Merle)
Foto Lucía MerleLa autora Natalia Zito. Recreó en la ficción parte de la vida de la artista y escritora Natalia Kohen / Foto Lucía Merle) Foto Lucía Merle

      Cuando me senté en los sillones de su living, mientras Natalia daba instrucciones para que nos sirvieran café, repasaba mi itinerario de preguntas en base a todo lo que había leído sobre ella, pero tenía -sobre todo- el relato de su gran amigo, Edgardo Giménez, a quien ya había entrevistado, en el que sobrevolaba algo que después confirmé en las palabras de casi todas las personas que la querían: Natalia no había recibido el reconocimiento que merecía.

      La noticia de la muerte de Natalia Kohen me llegó algunas semanas después de ocurrida, el 8 de octubre de este año, y no acudió a mi cabeza Veintisiete Noches, el libro que escribí basada en la historia de su internación, sino aquella tarde en la que conversamos durante tres horas en su casa, en la que fui olvidando mis preguntas y me dejé llevar por los caminos que Natalia quiso recorrer: la muerte de su padre, la de su marido en medio de unas vacaciones en España, las diferencias que hacía la madre con su hermana, su intención de ser distinta como madre, su total negativa a hablar de sus hijas.

      Natalia, a sus 99 años, no era una anciana, seguía siendo una mujer con un atractivo difícil de explicar, no era una abuelita bondadosa, conservaba -por el contrario- los rasgos filosos de su apogeo, la habilidad para decir a su conveniencia o devolver una pregunta en lugar de responder, todo con una destreza envidiable. Encontré en Natalia una versión de la vejez que no conocía, una versión que quise quedarme, que recuerdo cada vez que pienso en envejecer.

      Natalia no quería morir porque era muy curiosa. Fue artista plástica y autora y colaboró con la obra de numerosos artistas.Natalia no quería morir porque era muy curiosa. Fue artista plástica y autora y colaboró con la obra de numerosos artistas.

      Cuando dimos por terminada la entrevista, quiso regalarme algunos de sus libros que me faltaban. Caminé detrás de ella por un pasillo lleno de sus acuarelas de patios originales, de otros grandes artistas que en mi fascinación no llegué a descubrir y fotos en blanco y negro de sus padres, que Natalia se detuvo a mostrarme, tanto como las de sus bisnietos por los que demostró gran cariño.

      Luego se metió en un cuartito, rechazó mi oferta de ayuda y se puso a mover cajas con libros, hasta que salió con un ejemplar de Todas las máscaras y otro de Tres elegías, editado en 1971. “Tengo todo eso ahí que tengo que ver a dónde lo voy a donar, no quisiera que quede tirado”, me dijo mirando al cuartito que estaba repleto de cajas con libros de ella.

      Después de esa tarde, no volví a verla, pero conversamos varias veces por teléfono y todas las veces que por alguna razón no conseguía dar con ella, tenía miedo de que hubiese muerto. Pero después, cada vez que volvía a escucharla, pensaba: no, Natalia no muere. Natalia no quería morir porque era muy curiosa. Vivir hasta los 104 quizá sea no morir.

      VA


      Sobre la firma

      Natalia Zito
      Natalia Zito

      Psicóloga y psicoanalista.Directora de Residir en Psico, Escuela de graduados.

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